jueves, 28 de noviembre de 2019

Fundamentación de la necesidad de crecimiento de la planta permanente de músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional


En pocas palabras:

La programación de las temporadas sinfónicas aumenta en cantidad de obras del repertorio, en complejidad de partituras, en dificultad de ejecución y en tamaño de los “orgánicos” orquestales.
Las demás grandes orquestas ‘hermanas’ de la región (la Filarmónica de Buenos Aires, la Orquesta Estable del Teatro Colón y la Orquesta del Teatro Argentino en La Plata) ya han adaptado su planta permanente a las circunstancias arriba mencionadas.


En detalle:

El perfil de programación de las temporadas sinfónicas cambia con el tiempo. Los motivos son varios. En primer lugar, hay que mencionar la creación contemporánea de compositores que aportan continuamente nuevas obras. Por ello, el volumen del repertorio a abarcar por las grandes orquestas se agranda continuamente.
Por otra parte, la omnipresencia de los ‘grandes clásicos’ en los medios electrónicos de difusión genera una búsqueda y el ‘redescubrimiento’ de obras injustamente ‘olvidadas’ y su incorporación al repertorio. También por ello, la cantidad de obras a estudiar por cada integrante de una orquesta es cada vez más abrumadora.
Cabe mencionar que el interés del público contemporáneo y especialmente de nuevos públicos (la juventud) se vuelca hoy en día primordialmente a repertorio del siglo 19 tardío y los siglos 20 y 21.

Respecto de los orgánicos (la cantidad de ejecutantes de una partitura y los instrumentos requeridos) vale decir que, en términos generales, muestran una tendencia a crecer. Tal es el vínculo entre la vida moderna y el arte: sociedades cada vez más pobladas y complejas se reflejan en orquestas cada vez más grandes y complejas.

También la complejidad de las partituras y la dificultad técnica de ejecución aumentan, hablando en términos de una tendencia histórica.

A la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina se ha otorgado recientemente el Premio de Platino de la Fundación Konex, en concepto de reconocimiento de “la mejor orquesta de la década”. Ese reconocimiento se refiere sin duda, entre otros factores, a la modernísima y exigente –hasta osada– programación de la orquesta, quiere decir: más obras nuevas o relativamente desconocidas, complejas e incluso experimentales, incluyendo los así llamados “crossover” o “fusión”.
El esquema de programación está hoy lejos de los esquemas de programación de los tiempos de la fundación de la orquesta y de las primeras décadas de su funcionamiento, mientras su planta permanente sigue siendo la misma de entonces.

La exigencia moderna a profesionales de la música sinfónica tiene una natural compensación en lo que podría llamarse “franco por estudio casero” aunque el término coloquial es “franco rotativo”. Se genera por el hecho de que no todas las obras requieren un orgánico del tamaño de la planta permanente, por lo que los músicos “sin parte” se quedan en casa. Aprovechan estos días sin obligación de presentarse en el lugar de trabajo del conjunto para preparar el repertorio en el que tienen que volver “al ruedo”, y también para un respiro espiritual, incluso en función de controlar el progreso del desgaste psicofísico típico de la labor (que es colosal) y de las típicas enfermedades profesionales.


Resumen:

El esquema de aumento de la planta de músicos de la Orquesta Sinfónica Nacional responde a la necesidad artística de estar a la altura de los requerimientos modernos de programación y al propósito de evitar un desgaste psicofísico prematuro de los profesores músicos.
Además, contempla el factor de una distribución justa de “francos rotativos” entre los integrantes del conjunto.

Los estándares internacionales del género para orquestas sinfónicas sirvieron de orientación. Para la OSN se traducen en el siguiente planteo de cargos adicionales requeridos:

Cuerda:
3 Vl1 (20 en vez de 17)
1 Vl2 (17 en vez de 16)
2 Vla (14 en vez de 12)
1 Vlc (12 en vez de 11)
1 Cb (10 en vez de 9)

Maderas (“a 5” en vez de “a 4”):
1 flauta
1 oboe
1 clarinete
1 fagot

Metales:
2 cornos (8 en vez de 6)
1 trompeta (5 en vez de 4)
1 trombón (5 en vez de 4)
1 tuba (2 en vez de 1)

El total es de 17 cargos nuevos.




viernes, 22 de noviembre de 2019

Perfil de responsabilidades de un concertino

Un concertino tiene las siguientes funciones principales:

Dirigir los ensayos de su respectiva cuerda cuando la ocasión y el repertorio sugieren tal procedimiento.
Dirigir los ensayos de toda la cuerda cuando la ocasión y el repertorio sugieren tal procedimiento.
Dirigir los ensayos de toda la orquesta cuando la ocasión y el repertorio sugieren tal procedimiento.
Dirigir desde su atril a toda la orquesta en conciertos cuando la ocasión y el repertorio sugieren tal procedimiento.
Coordinar con la anticipación conveniente la puesta de “arcos” en las partichelas de los instrumentistas de cuerda de todas las obras programadas (el acondicionamiento de arcos en la parte de los primeros violines será siempre la primera referencia para los demás jefes de cuerda).
Participar en su función de jefe artístico interno de la orquesta en todas las deliberaciones institucionales que giran alrededor de cuestiones artísticas de la agrupación, a saber: programación de repertorio, evaluación de los artistas invitados y el funcionamiento profesional en general (ensayos, conciertos y giras).
Convocar, según necesidad, reuniones de jefes de fila o de toda la orquesta para tratar los temas mencionados en el párrafo anterior.
Representar la orquesta en su faceta artística ante el público y en los actos institucionales, a nivel nacional e internacional.
Dar en nombre de la orquesta la bienvenida a los directores invitados.
Lidiar los aspectos ceremoniales de la presentación de la orquesta ante el público en conciertos.
Hacer de mediador entre orquesta y director en conflictos que eventualmente puedan surgir en el transcurso de la labor diaria.
Compartir con el director sus observaciones técnico-musicales y colaborar con él para solucionar eventuales problemas.
Guiar el procedimiento de la afinación general de los instrumentos antes de ensayos y conciertos (también después de intervalos).
Instruir, en caso de necesidad, durante ensayos su fila sobre asuntos técnicos de la ejecución, en función del mejor cumplimiento de los deseos interpretativos del director.
Estar preparado para tocar de manera ejemplar la parte de los primeros violines.
Tocar los solos de concertino del repertorio sinfónico.
Estar preparado para ser en conciertos, después del director, el segundo referente para el ordenamiento musical de su fila y también de todo el conjunto.
Ofrecer ocasionalmente, si le parece oportuno, como “solista invitado” dentro de las temporadas oficiales, la presentación de Conciertos para violín y orquesta.